Sit caelum tibi levis

enero 20, 2010

Creí conocer a Lhasa en un concierto hace 4 años. Me resulta anormalmente sencillo ubicarlo en el tiempo, pues me acompañaba mi hermana en su primer embarazo, y por más que la audiencia de aquella sala fumara como en presidio, no fui capaz de encender un cigarro a su lado.

Lhasa nos habló mucho, casi riente. Explicaba, con la voz inocente que usaba al hablar en español, su infancia en un autobús escolar convertido en caravana, recorriendo el mundo. Y, sobre todo, los pensamientos de su padre. Decía que los niños salían del cálido microcosmos del útero, donde habían ido creciendo hasta hacer de él un universo ciertamente pequeño, atraídos por señales, los extraños sonidos llegados del exterior. Que la llegada a éste, lejos de grata, era más bien traumática – sit terra tibi levis-, pero que poco a poco nos íbamos haciendo a él, hasta sentirnos de nuevo cómodos, quién sabe si tanto como antes. Y que tal vez fuera un proceso similar el que nos invitaba a abandonar la tierra. Que, poco a poco, íbamos recibiendo algo que provenía del exterior y, aunque asustados, acabábamos dirigiéndonos hacia ese algo desconocido, como lo fuera un día la tierra.

Ideas así de delicadas desarrollaba Lhasa al micrófono entre canción y canción, hace 4 años. Ahora, no sé. El 1 de enero pasó al lado oculto, espero que sin demasiado miedo. Sit caelum tibi levis.

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Hoy es un día feliz. He podido regresar antes a casa.

Hace poco recordé lo contenta que me ponía este vídeo con 8 añitos… ¡Vaya vídeo! La primera vez que lo vi Whitney me fascinó.

Claro que por más que lo intenté, no pude con el resto de tostas que cantaba. Y lo intenté, vaya que sí, porque W me parecía guapísima y porque todas las niñas de mi clase la escuchaban, como escuchaban a Mariah Carey.

Finalmente desistí. Y cuando ya creía que no podía haber nada peor, va y se les ocurre, puede que recordéis, hacer un dúo -horterada por definición, los dúos- para la banda sonora de El príncipe de Egipto. Creo que no ha habido música que merezca la pena en una película de animación desde tiempos de Los aristogatos o El libro de la selva. Aquí aparecen las archienemigas juntas. Nos jugamos el pescuezo a que cuando se dan la mano, se la estrujan la una a la otra, hasta que cae algún hueso roto.

noviembre 2, 2008

Con estos días de lluvia, lo único que se puede hacer es salir en kayak, canoa o piragua a la calle, ir al cine o leer. Así que:
Recupero el placer de la lectura de la infancia leyendo en Eñe. Revista para leer un escrito de Michel Houellebecq sobre sus lecturas de la infancia.
Y me reafirmo en la suerte que he tenido al provenir de una familia numerosa, y de haber sido criada por personas que a su vez provenían de familias numerosas, por toda la libertad que eso implica, porque en una familia numerosa no se sabe, a veces ni se quiere saber, exactamente lo que están haciendo los hijos. Y pienso en tantos niños que son hijos únicos, única felicidad de sus padres, tal vez única compañía de su madre divorciada y su única fuente de ingresos emocionales. Y siento mi suerte infinita.