Yo soy Yahveh tu Centro, que te saqué de la tierra del Inem, de casa de servidumbre.

No tendrás centros ajenos en el curso lectivo (a no ser que te toque ser itinerante) delante de mí.

Honra a tu Centro y compañeros, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh tu Centro te da. En caso contrario, tus compañeros echarán humo cada vez que te vean. Por la cabeza y el tubo de escape.

Cinco días trabajarás, y harás toda tu obra.

Mas el sexto y séptimo días son reposo de Yahve tu Centro, no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.

Cuando vuelvas al octavo, que es el primero, comprobarás que has de empezar de nuevo tu obra de cero. Semana tras semana.

No matarás.

No matarás.

No matarás.

No matarás.

No matarás. Ármate de paciencia.

No codiciarás el horario de tu prójimo, no codiciarás la plaza de tu prójimo, ni sus cargos, ni sus méritos, ni sus puntos, ni su destino, ni su proyector, ni su pizarra, ni su pendrive, ni sus carpetas, ni cosa alguna de tu prójimo. O prójima.

Y ahora, en Euskara…

Esta secta es mía

septiembre 25, 2009

Me he levantado a las 6:35, me he duchado, me he vestido en la sala para no molestar a mi consorte (ropa preparada ayer), me he comido un yogur sin masticar los cachitos y he corrido a la rotonda en la que quedo con Agustín, que viene desde otro barrio del extrarradio, para ir a currar. Agustín es adorable, y no sólo porque me lleve a trabajar. Agustín es un tipo afable, muy inteligente y optimista de 45 años. Eso sí, cuando nos presentaron y constataron: “Venís del mismo sitio”, me apresuré a decirle “¿Quieres ser mi amigo?”. Quid pro quo. Conversación para que él no se duerma al volante, más brevedad para mí, compartir los gastos, que son muchos. 50 minutos en la autopista más cara y transitada del sur del Bidasoa. Además, gracias a esto me voy enterando de montones de cosas que hasta el momento ignoraba. ¿Así que ser jefa de departamento me da puntos? ¡Interesante!

Cosas (sí, cosas) como Agustín hacen que me esté volviendo una entusiasta de mi profesión. Por desgracia, me estoy convirtiendo a su vez en una especie de evangelizadora. Cada vez que oigo que alguien ha perdido la fe en encontrar empleo, le cuento las virtudes del Profesorado. Cuando alguien me dice que quiere dar un giro a su vida, le insto a que se apunte a las listas. Le cuento todas las bondades del empleo, que está en alza, toda la necesidad que hay… Y no, no puede ser. No tengo que intentar convencer a nadie de lo bien que iban a estar haciendo lo que yo. ¡Si además sé que como no te guste ser profe, es una profesión aterradora! Por no hablar de la rabia que da que te digan lo que tienes que hacer.

Si decido hacerme Testiga, es asunto mío. Mi secta es para mí.

500 miles

septiembre 24, 2009

Mary ha muerto. Y he descubierto una versión maravillosa de la canción que suene en mi funeral, si es que alguna vez muero. La canción que quiero que suene es 500 miles, de Peter Paul & Mary. Pero resulta que Nick Cave la canta aún mejor. Imagino que, si cantó en 1997 por Michael Hutchence, no le importará hacerlo por mí. A ver si al menos mi muerte no es tan escandalosa.
Pero bueno, no os preocupéis los que tengáis que disponerlo, que dejaré todo por escrito en mi testamento:

Yo, Waltrud Saalbach, dispongo que mi funeral lo amenice Nick Cave con su canción ligera, y que mi colección de Barbies sea para mis sobrinos. Me encantaría, asimismo, que los restos de lo que fui fueran entregados a las fieras en libertad, o a los cocodrilos del Río Misterioso del Monte Hig-eldo; que me desmembraran y me devoraran y se dieran un banquete como yo me devoraría un mazapán en forma de anguila, o un tigretón, o una piraña al horno. Si no fuera posible, entregar mi cuerpo a los buitres carroñeros me parece también una forma suprema de hacer desaparecer mi cuerpo inerte. Y si no, de acuerdo, que den cuenta de mí los gusanos, que al fin y al cabo también tienen que comer.

La cantera de Al salir de clase

septiembre 18, 2009

Tananananaaaaaa, tananaananaaaa, tananananaaaaaanananannananaannáaaaa….


Esta era la maravillosa sintonía con que Al salir de clase, serie juvenil española donde las haya, nos regalaba los oídos durante la sabrosas sobremesas de lunes a viernes. Esa serie protagonizada por un chico llamado Sócrates, y más adelante por otro llamado Felipe, que era tan chulo que se hacía llamar Flipe. Serie en que los adolescentes pasaban las horas en el CBC (siglas que abrevian Chico Busca Chica), bar en el que actuaron para la serie artistas de la talla de Laura Pausini, Julio José Iglesias, Nek, Tontxu, Texas, Bon Jovi, Sergio Dalma, Raúl, Lenny Kravitz o la Oreja. Serie en la que Clara, la lesbiana, se convirtió a la heterosexualidad, para chasco de todos, pero luego sí hubo gays, aunque se fueron a Nueva York. En la que personas de treinta se tenían que hacer pasar por dieciseisañeras. Tenían, también, que enamorar, amar, odiar, embarazar, abortar, parir, discutir, discutir, discutir, mentir, suplantar, raptar, estafar, esnifar, reinsertarse, rehabilitarse, matar, matarse, accidentarse, traicionar, copiar, enmendar, desenmascarar, y todo lo contrario. Sin hacer distingos.

Apasionante.

No le faltó de nada. Una fuerte precampaña nos despertó la curiosidad, “Si te gustó Beverly Hills, 90210, te encantará Al salir de clase“. En efecto, Telecinco, también responsable de que Sensación de vivir fundiera con pasión nuestras retinas, lanzó este producto fruto de la milagrosa productora Estudios Picasso. “Si te gustó Sensa, te encantará Alsa”, podríamos decir más adelante. Y es que fue tal el éxito de la serie, que estaría en antena 5 años, de 1997 al 2002, y llegaríamos a llamarlo por su diminutivo. Como a una colega más.

Varias son las cosas destacables en ella, que hoy en día nos hacen recordarla. Algo que nos llama muchísimo la atención es la cantidad de actores que pasaron por allí y que hoy reconocemos en multitud de series o incluso en la gran pantalla. Y es que, si bien sus guionistas tal vez no desayunaran lo suficiente, Alsa proporcionó a nuestra vista una buena porción de bellezas, a cuyo talento -o falta del mismo- serviría de trampolín.

La primera gran protagonista de la serie, y primera a su vez en salir de ella, fue Lucía Jiménez, pero el salto más llamativo lo dio quizá Pilar López de Ayala. No bien acabábamos de verla haciendo un papel de niñata en la tele, y la teníamos en el cine haciendo de Juana la Loca. Aquello resultó impactante. Todo era posible gracias a Alsa. A cuántos de los que componían aquel plantel no habré visto después en mil otros lugares (incluido el metro de Madrid, Marián Aguilera…): Elsa Pataky, Rubén Ochandiano, Alejo Sauras, Leticia Dolera, Miguel Ángel Muñoz, Rodolfo Sancho, Carmen Morales (hija de Rocío Dúrcal, madre de familia en la vida real, haciendo de dieciseisañera amargavidas en la ficticia, bichito la llamaban), Olivia Molina (hija de Ángela), Hugo Silva, Raquel Meroño, Helen Lindes, Fran Perea y muchos, muchos más. No le faltó su papel a personas más veteranas, como Carlos Sobera. Porque, no satisfechos con el público adolescente, quisieron enganchar al no tan joven.

Personajes a los que fuimos amando y detestando, y que fueron muriendo, mudándose a otros países y yendo a la cárcel, claro, para no copar la serie.

Pero qué delirio sentimos por ellos.

Previo excursión

septiembre 17, 2009

En un día de esos en los una noche de esas en las que debería sentirme afortunada por mi suerte, el miedo a mi futuro hace que lejos de embriagarme la felicidad, las únicas cosas que pueda sentir sean una desasosegada inquietud y su consecuente ardor de estómago.

Y lo sé. Me voy a despertar todas las veces. Como si mañana tuviera una excursión. Que la tengo. Pero trabajosa, que no ociosa.

Me pregunto si esto se repetirá todo el curso. Y el tedio me invade aún más.

Dice, de Astrud, mi ex cuñado -el no ser una lesbiana con pedigrí me permite formular oraciones como esta- que quizá el mejor momento de las cosas es cuando no han pasado. Si menciono esta canción es porque la tengo tatuada en el código genético. Pero estoy en desacuerdo con esta afirmación. Está a punto de pasar algo, tan por empezar, estoy viendo estas cosas tan raras, y no me resultan nada bonitas. Estoy deseando que llegue ya para vivirlo. Porque sé que este miedo que a mí no me da ninguna risa se pasará

El nombre innombrable de la Rosa

septiembre 15, 2009

Ya sea por repulsión, ya por timidez, las personas solemos tener reticencias a hablar sobre caca. Y eso que sea como sea que las llamemos -deposición, boñiga, mierda, mocordo, popó, excremento-, las heces (para darles el nombre que les corresponde) están allá donde vayamos.

Tienen mil formas distintas, según qué animal las haya producido: herbívoro, omnívoro o carnívoro, de gran o diminuto tamaño. De si hemos bebido agua también dependerá su calidad, parecida incluso a la sopa en caso de estar bien hidratada; o, como en el caso de las ovejas, similar a secas canicas.

Pero quisiera ahora detenerme en su color. El color habitual de las heces no varía más allá de lo parduzco. Esto se debe a que normalmente ingerimos alimentos de variados colores. De esta mezcla, como de la paleta de un pintor, nace el marrón. No tenéis más que acudir a unas acuarelas y hacer la prueba.

Sin embargo, existen excepciones a esta monocromía. No hay más que hacer memoria, si alguno de vosotros tiene afición por la remolacha. No sólo es el olor lo que se ve afectado por su ingesta, dado que se trata de un alimento que tiñe las heces. También modifica el color de nuestra caca la ingesta masiva de un alimento. Sirva este ejemplo de alegre botón: a menudo, las ballenas pueden llegar a ingerir una tonelada de gambas. Gambas y prácticamente nada más. En esos casos, las heces posteriores, enormes cacas rosas, suelen verse flotando sobre las olas.

pinkpoop

Cosa que daría explicación a que en Arale, conocida fuera del País Vasco como Dr Slump, y posteriores series animadas japonesas con que hemos visto amenizadas nuestras vidas, aparezcan estos preciosos y simpáticos mocorditos rosados. Los cuales durante toda mi infancia confuncí con deliciosos merengues. Tan golosa era su apariencia, que aún no gustándome los merengues me apetecía comérmelos. Eran tan monos. Y, por otro lado, ¿a quién se le iba a ocurrir que la mierda fuera rosa?

A los japoneses. Que están muy familiarizados con las ballenas.
Que aunque les encante todo lo escatológico, son muy pudorosos. Que han inventado unas pastillitas rosas que si las ingieres, hacen que tus heces huelan a rosas.

Nos preguntamos ahora si todo esto tendrá que ver con que, en un intensivo reportaje que se ha realizado recientemente (no recuerdo si fue la National Geographic) sobre las cacas, hayan decidido denominarlas, para no ofender a los oídos poco coprófilos, la rosa. Pongamos: La rosa del elefante es mil veces más grande que la de un humano. Como consecuencia, nos las enseñan, las anal-izan hasta la saciedad, por qué, cómo y por dónde, pero no las llaman por su nombre. ¡Curioso!

Esto es todo lo que queríamos decir sobre este tema, sobre el que hemos reflexionado recientemente.

ego lego

septiembre 10, 2009

1500 horas dicen que han invertido, 1500 horas de fotos a piezas de lego, una junto a otra. Las fotos, las piezas.

He aquí el resultado:

Llámame Rumpelstilskin

septiembre 8, 2009

Sueño que mi sobrino me dice su nombre, sueño que dice el mío. Es un sueño que se repite. Con Eneko también soñaba lo mismo. Creo que quiero que me conozca, crear un vínculo con él. Creo que quiero que me necesite.

Cuando me conociste, me decías “tú”, me decías, “ven”, me llamabas por teléfono, me llamabas mil cosas bonitas. Pero nunca por mi nombre.

Yo, al contrario que Salinas, quería que me vistieras de adornos, trampas y flores; quería que renunciaras a la alegría del pronombre e invocaras todo lo que soy a través de la manera más íntima que conozco: el nombre que como una niña y desde niña he creído sólo mío, y que me hace detestar a todas las farsantes que intentan arrebatármelo porque, según afirman, en el registro civil aparece la misma palabra escrita, cuatro letras absurdas, iguales a las mías, que no contienen ni una millonésima parte. Mi nombre es único.

Yo, como decía, rogaba. Me pasaba la mano por la cabeza casi rapada, coquetamente, y trataba de comunicarte por telepatía, reinterpretando a Rumpelstiltskin: si adivinas mi nombre, podrás acariciar mi pelo. Si juegas con él, seré tuya para siempre.

Claro que al final sucumbí. Y menos mal, porque eras una chica dura. Quién me iba a decir que para que pronunciaras mi nombre tendría que llevarte tantas veces a la cama.

Luna grande, carretera grande

septiembre 6, 2009

Frente a nosotras, la luna más hermosa que habremos visto en nuestras vidas.

-¿Has visto qué luna?

-Está enorme. Y qué color.

-¿Se verá más grande porque en algunos momentos del año está más cerca?

-Creo que no la había visto tan grande nunca.

Excepto en Joe contra el volcán, pero no quiero confundir el cine con la realidad, como alguno cantaba. Fue una de las primeras películas que vi sin un adulto, aquel verano de euforia en que todo lo hacíamos juntas, y los ratos en que no nos veíamos, los dedicábamos a escribirnos cartas.

-¿Te acuerdas de cuando las carreteras eran pequeñas?

-¿Cuándo?

-Cuando nosotras éramos pequeñas.