De cría, me lo preguntaban y respondía:
-Peluquera.
Como las demás niñas de preescolar. O como mis hermanas:
-Bombero.
Algo más tarde, ya contestaba yo:
-Escritora.
Que es un poco el equilibrio entre las primeras opciones. Y con la idea me quedé, sólo con la idea.
Desde entonces hasta ahora, el corazón tuvo un carácter más bien nómada. Me lo cantaban de manera alegre y repetitiva durante la adolescencia, eres peligrosa porque eres sincera, eres peligrosa porque no sabes lo que quieres. Llamarlo corazón gitano quedaría demasiado cañí, bisbalero o de guionista mal pagado. Podríamos, por qué no, decir que tenía una voluntad penduleante. O que, como decía Chus Lampreave a Marisa Paredes en La flor de mi secreto, andaba como vaca sin cencerro.

Pasados los años, me preguntaron de nuevo qué quería ser.

Dije que de profesora de latín me veía muy feliz.

¡Dicho y hecho!

Huracán total

enero 24, 2009

Hoy, como hay un ciclón, nos han cortado la electricidad. No podíamos ducharnos, ni calefactar, ni preparar un colacao, ni… encender la luz. Para poder desayunar, hemos tenido que sacar el campingás. “Problemas de Iberdrola con el tendido eléctrico, no es nada de vuestra casa, no podéis hacer nada más que esperar”, han dicho en información ciudadana. Claro que para hablar con ellos he tenido que conectar el teléfono viejo, porque los inalámbricos estaban en coma. En cuanto he colgado, se ha hecho la luz. Poderío que se gastga una. El caso es que ya no me quiero duchar, y quiero seguir invitada por mi padre a comer…

Belleza-trastero

enero 24, 2009

Nuevo día de temporal en la ciudad. Waltrina, a resguardo en el túnel climatizado, ve pasar un paraguas negro con dibujos geométricos, cuartos menguantes tumbados de distinto tamaño, en uno de sus costados. Son un par de gaviotas de un verde intenso, y las acompaña algo que parecen ser nubes. Es un paraguas exiguo, como la señora que lo lleva asido por su mango de madera. Su diseño exquisito, añejo, es similar al del bañador que Waltrina ganara en aquel sorteo que hizo una vez Tita, colectora de reliquias. Un bañador de los años sesenta, sin estrenar. Waltrina se pregunta si Tita, que la mira con cierto interés cuando coinciden, pararía a la mujer y le ofrecería dinero. Tan pronto como dibuja la imagen, ésta se difumina: Tita no incomodaría a una dama, y si fuera adquiriendo todo lo que le gusta, su casa acabaría pareciendo un trastero.
Waltrina comprende de este modo que no podemos poseer todo lo que nos parece bello.

En otro orden de cosas, ayer vimos Revolutionary Road. A los que venían conmigo les encantó. A mí se me hizo Retortijonary Road: sin ánimo de hacer crítica destructiva, un truño desagradable. Y eso que soy fan fatal de Kate Winslet, y su marido la saca guapísima en la película. A gustos colores, está claro, ahora mismo no me apetece que me peguen palizas en el cine. Prefiero rever Broadway Danny Rose, cuya múisca no me puedo sacar de la cabeza.

Se busca, se busca

enero 22, 2009

Hoy se han echado ambos cv para sendos puestos en París. ¿O sendos cv al wc?
No, niña, no pierdas la ilusión…
¿Seguro que fue en París?

escrito a vuelapluma

enero 21, 2009

Extracto de lo escrito por una presunta bisexual en un blog:

“(…)debe ser difícil reivindicar dignidad ante los heteros cuando llevas el cuerpo pintado de purpurina y bailas en tanga junto a una drag queen mientras tus amigas se disfrazan de hombres y ahullan como gorilas.(…) Si los gays que no encajan en el estereotipo marginal no se escondieran, podríamos reivindicar con algo más de respeto.”

La imaginamos llevar su homosexualidad como discreta dama, escribiendo en su secreter, cual dama decimonónica. Tal vez se haya perdido algo de lo que quería expresar al traspasar el pensamiento. De todos es sabido que la pluma es caprichosa.
Pero al topar con estas frases, una se enfrenta a varios absurdos. Por un lado, el de denominar marginal a cierto tipo de homosexuales, cuando toda la homosexualidad es, por definición, marginal. Un 10% de la población -ni más ni menos, como mínimo- al margen. ¿Quiénes son los marginales, pues, dentro de los marginados? Aquellos quienes despuntan dentro de lo normal o establecido. Aquellos a los que se distingue fácilmente, por su estética y actitudes visibles, por esa cosa que el vulgo ha dado en denominar pluma.
Hay mil maneras de ser normales. Heteronormativo, estéticonormativo, sentimientonormativo, pensamientonormativo… Etiqueta, etiqueta, etiqueta, etiquétame. Categorías y subcategorías que se van tocando mutuamente, conjuntos con intersecciones… Cualquiera de las disidencias se censura desde nuestra más tierna infancia.

¿No son, acaso que todas las maneras de ser respetables y válidas, en especial cuando no nos machacan? ¿Por qué la pluma no es respetable, entonces?

Por otro lado, lo más irónico de todo es que esta gente visible es la que más ha hecho por todos nosotros. Y no sólo por los homosexuales. Han hecho que la disidencia en el día a día sea abrazable.

¿Por qué van contra ellos los propios homosexuales? ¿A qué viene este empeño ciego y feral en aferrarse a la norma? ¿No lanza, acaso, esta joven bisexual piedras sobre su propio tejado? Quizá a la lesbiana camionera, o al maricón que va de purpurina, su homosexualidad invisible le debiera parecer igualmente censurable. Seguro que tiene motivos para ello, pues si no llega a ser por la gente visible, qué sería de los demás, dónde estarían nuestros derechos. No de casarse, sino de existir. Y fíjate, ellos sí toleran, tragan con gente como ella de adecuada.

Así que, la norma hay que vigilarla lo justito, para cosas inocentes, como la lengua escrita: nena, aúlla, por favor.

Esto es increíble.

Waltrina se maquilla según el estilo de los años 20, lo ha visto en la última película de Clint Eastwood y sabe que a Rita le gusta. Abundante sombra de ojos, oscura. Lápiz de ojos, eyeliner. Rimmel.
-No sé si cambiar de ontóloga -le cuenta, alzando la voz, a Rita, que está en otra habitación. ¿Podré abrir el párpado con todo este peso?, se pregunta, al espejo-. Me ha dado cita para dentro de un mes. Es que sólo trabaja dos días por semana. ¿Qué sentido tiene dentro de un mes? Dentro de un mes, ya se me ha terminado la crisis trascendental. Y el dolor de muelas.
-¿Por qué no hablas con tus padres? Al fin y al cabo, son grandes filósofos, te pueden recomendar a alguien.
Ya. Waltrina lo hace. Llama a su madre mientras está sentada en el baño y ahoga un hipo o dos de congoja. Se le corre levemente el maquillaje, que, de cualquier modo, sólo iba a lucir de camino a la biblioteca.
Llama de nuevo. Se acabó ir a la biblioteca y el paseo hasta ella. Viene el persianero en cosa de hora y media. Una persiana no cierra del todo, y deja entrar mucho frío. Waltrina limpia la casa como si fuera a recibir a alguien de la Casa Real, o como si tuvieran una primera cita. Siempre que limpia más o menos a fondo, recuerda cómo la primera vez que pisó esta casa, Rita la había fregado a conciencia para lisonjearla… o para que al menos, no se asustara. Por entonces ella no sabía que Rita había pasado horas limpiando para ella, ni que quisiera homenajearla a su llegada. El persianero llega, nervioso, afable, de espaldas fuertes y barriga cargada, con olor a cerveza y cigarro rancio. Waltrina recuerda al verlo a cualquier miembro en la cuarentena de su familia paterna, hasta tal punto que una vez marchado el persianero, que tras diversos y teatrales aspavientos concluye que no se ve capaz de afrontar el trabajo, no podrá recordarlo más que con la cara de su tío Mikel, con más pelo.
La frase de despedida de su falso tío Mikel se grabará en la mente de Waltrina:
-Prefiero perder un trabajo, pero ganar un cliente.
Waltrina dice adiós, y le guiña un ojo.

De la misa la mitad

enero 13, 2009

Estos días me he vuelto a dejar caer por el cinema. Hemos visto Milk (v.o.), con no poca emoción. La historia es buena. Tal vez haya que ser marica de todo a cien -como una- para verla con mayor gusto. Lo que es indiscutible es que Sean Penn lo hace de cine, y eso que, al parecer, maltrataba a Madonna. También Juan Ramón, el terrible, azotaba a Zenobia. Pero qué bien escribía el condenado. Y cuántos condenarían, por diversos motivos, esta comparación.

Después vi Gomorra que, como sabrán, trata sobre la camorra. Es curioso ver la mafia retratada de una manera distinta a la que nos tiene acostumbrados Hollywood, seguramente más real. Dicen que la película es una parte infinitesimal del libro, y que de hecho, una no se entera de la mitad de la misa si no lo ha leído. A mí, que tal vez siga siendo un poco cándida, me ha impactado bastante.

Aún quiero ver My blueberry nights. ¿Quién viene conmigo?

Soy la más vieja de la autoescuela, sin carné. No esperaba menos, no les voy a engañar. No lo hago mal, por ahora.

Hablando con un amigo cinéfilo y biblófilo sobre lo artístico y lo terreno, lo espiritual y lo cárnico, sobre epistemología y ontología, me he sentido a la par vieja y pequeñita.

Como Teresa de Calcuta.

Vacaciones de película

enero 7, 2009

Más que nada porque no quiero seguir currando, voy a reseñar las películas que he videado y revideado recientemente:

Some like them hot/Con faldas y a lo loco: Revisión. Aunque el título sí que está traducido a lo loco, no hay quien se cargue el genio de su autor. Véanla, véanla y traten de sacarle fallos. Y no me los comenten, porque no los voy a admitir. Perfecta película, incluso aceptamos con entusiasmo ese vestido que pusieron a Marilyn con tanto escote como mal gusto, porque de vez en cuando nos gusta vomitar. Especialmente recomendable en Nochebuena, en compañía del padre y hermano de una.

Shrek tercero: Ay… Tal vez segundas partes fueran buenas, pero la tercera no hay xto que se la trague. No hay peor defecto en una película que el de aburrir al espectador. Lo sentimos, Shrek, pero casi nos pusimos del lado de Encantador y Rapunzel…

Kung Fu Panda: No sé por qué no vi por fin este producto de Pixar en el cine, pero les aconsejo que la vean, que se diviertan, que sientan orgullo de su glotonería tras verla, como la que suscribe hizo.

Los cronocrímenes: Cine fantástico. Cortita, entretenida, con un punto de intriga. Para los culturetas, es de un tal Vigalondo.

Broadway Danny Rose: Genial película dirigida y protagonizada por Woody Allen, en la que hace el papel de representante de una galería de artistas de lo más pintoresco. Le acompaña, entre otros, una irreconocible Mia Farrow. Divertidísima. Filmada en b/n. 1984.

Clerks: Nos sorprende este segundo visionado de la opera prima de Kevin Smith (1994), que en su día vimos sin humor, tal vez por llevar la contra, y que hoy vemos con gran gusto.

Efecto contrario es el que sufrimos al ver Eduardo Manostijeras -que sirviera de inspiración para este otro Eduardo-, si bien hemos de confesar que ya adivinábamos la decepción. Pero es que hubo un tiempo en que éramos acérrimas de Tim Burton. Siempre -¿siempre?- quedarán Mars Attacks, Ed Wood, Pee Wee, Bitelchús y Batman, y habrá que ver cómo sobreviven al tiempo Sleepy Hollow y Charlie.

Intercambio: Última del aclamado Clint Eastwood, protagonizada por una de nuestras chicas de plástico favoritas, que lo hace muy bien. Excelente ambientación, muy atrevida. Un estupendo John Malkovich. Entretenida, justiciera, con final agridulce. Típico de Clint. Digo yo que es una buena película.

Me quedé a medias de ver Cabeza borradora, no porque no la soportara, que es lo que me sucedía de pequeña, sino porque me habían grabado la mitad. Y La princesa Mononoke, porque me quedé frita. Pero ambas me estaban gustando mucho.

¿Alguien ha visto algo por ahí?

Viva la vida

enero 3, 2009

-Mira, Viva la vida es la mejor canción de 2008 según la RDL.
-¿Esa canción que estuvo en Eurovisión?
-Pero qué payasa.
-Yo creía que los de la RDL se las daban de un rollo más indi que Coldplay, hay que ver. Pues habrá que oír la canción en el yutube al llegar a casa.
Así que Waltrina y Georgina se retiran. Georgina gusta de hacerse llamar George desde la infancia.
Se despiden en el cine de sus primeras citas, cuando el roce de sus yemas hacía que se ruborizaran. El hueco que hay en lugar del edificio hoy día recuerda a Waltrina al que deja una muela arrancada en la encía. Se despiden como buenos amigos, con planes para el día siguiente. Waltrina va a casa de sus padres. Estas vacaciones han sido varias las veces que ha utilizado su habitación de antaño, de no hace tanto. Llega y se dispone a colgar la colada, es agradable librar a su madre de hacerlo cuando llegue. Su padre sí está, está enfermo. Todo el mundo tiene algún mal esta temporada, si no es gripe, es gastroenteritis, y si no un catarro; todos, menos Waltrina. Le gustaría poder quejarse a veces, pero en el fondo sabe que no hay nada mejor que no tener de qué quejarse.
Cada vez que cruza la calle de detrás de su casa, cosa que hace sin hacer uso del paso de cebra, recuerda que su abuela le decía que un día la iban a atropellar. Y que un día, pasando por allí, su hermana le dijo que su abuela se lo decía a ella también. Cada vez que cuelga la ropa recuerda que su madre le decía que lo bien que lo hacía. Nunca se le ocurrió pensar que aquello se lo podía estar diciendo para alentarla. A ella le encantaba hacer las tareas de la casa. Terminaba orgullosa de haber terminado el proceso según la manera correcta. Ahora tiende la ropa. En el patio se escucha la conversación de los vecinos de enfrente. Waltrina se enternece. ¿Dónde estaba antes, que ni los oía?